El niño más infeliz de la aldea habría dado lo que fuera para dominar el mundo.
El niño le preguntó a un anciano: “¿Cómo puedo despertar al monstruo?”. El anciano lo contestó: “Tienes que llamarlo por el nombre de la persona más amada en el mundo”.
Precisamente ese día había una boda en el pueblo. Todos cantaban y bailaban felices.
El niño vio a los novios y pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada en el mundo!”
El niño fue a la cueva y gritó: “¡Mazenka! ¡Pepîcek!”, pero aquello no despertó al monstruo.
En la aldea había un hombre muy fuerte al que todos admiraban.
El niño pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!”.
El niño fue a la cueva y gritó el nombre del hombre: “¡Jiri!”, pero aquello tampoco despertó al monstruo.
En la aldea había una muchacha que cantaba muy bien y hechizaba a todos con su voz.
El niño pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!”.
El niño fue a la cueva y gritó el nombre de la muchacha: “¡Magdalenka!”, pero tampoco así despertó al monstruo.
En la aldea había un abuelo y una abuela que llevaban muchos, muchos años casados. Tenían un montón de hijos y nietos.
El niño pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!”.
El niño fue a la cueva y gritó el nombre de los abuelos “¡Bozenka! ¡Venousek!”, pero ni con esas despertó al monstruo.
Al ver tantas personas amadas el niño se sintió como si dominara el mundo y se olvidó de la cueva.
Pero un día encontró a una mujer que lloraba sola en un lugar apartado de la aldea: “¡Mi hijo se ha perdido! ¡Se lo han llevado los duendes!”.
La mujer le contó llorando cuanto amaba a su hijo y le dijo su nombre.
El niño se quedó asombrado: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada en el mundo!”.
El niño se fue a la cueva y gritó bien fuerte su nombre.
La piedra se movió lentamente. Cuando el niño vio al monstruo…
Grush, Grush, ñam, ñam, grumpf, grumpf… ¡Glucks!
No hay comentarios:
Publicar un comentario