Había una vez un picapedrero que estaba sumamente insatisfecho consigo mismo y su posición en la vida.
Un día, cuando pasaba por la casa de un acaudalado comerciante, vio -a través de la puerta entreabierta- exquisitas pertenencias y visitantes distinguidos. "Qué poderoso debe ser ese hombre", pensó con envidia, "Quién pudiera ser como él".
Ni bien lo pensó, se convirtió en dicho hombre. Así, comenzó a disfrutar de lujos que nunca había imaginado. También fue blanco de envidias de otros.
Un día se topó en la calle con un séquito que acompañaba a un alto funcionario del gobierno. La gente detenía su marcha para ver tal caravana, y era,
a su vez, desplazada hacia atrás por los soldados. Nuestro picapedrero... perdón, rico comerciante, deseó ser este personaje que tenía tanto poder -además de dinero- y... lo fue! Así se encontró, al cabo de unos días, en medio de un acto oficial, emperifollado con un grueso y rígido uniforme, muerto de calor mientras el sol le daba de lleno. No puedo menos que pensar "El sol sí que es poderoso, doblega a un alto oficial". Al pensar así... se hizo sol. Brilló ferozmente sobre campos y trabajadores, sobre ciudades y pueblos. Hizo arder bosques.
Pero cuando estaba disfrutando de su poder, una nube negra se interpuso entre él y la tierra. Solo eso bastó para desear ser la oscura nube... y nube fue.
Así, lanzó toneladas de agua a su paso, llenó cauces de ríos secos, inundó comarcas, ahogó cultivos haciendo alarde de fuerza hasta que... un fuerte viento le cortó la diversión lanzándolo al medio del oceáno. Ya nos imaginamos cuál fue su siguiente deseo.
Y viento fue. Sopló en todo su rigor, levantando techos de moradas, destruyendo poblados, haciendo levantar en sus giros a los mismo árboles. Fue temido como nunca.
Entonces miró algo que se mantenía inamovible ante su furia, no importaba con cuánta fuerza soplara. Era una gran roca, enorme.
"¡Quiero ser esa roca!" exclamó desesperado. "Ahora sí seré lo más poderoso de la tierra."
Y así fue como la roca sintió el ruido acompasado de un martillo hundiendo el cincel en su duro corazón. La roca estaba siendo alterada.
La dura roca se preguntó quién podría ser más fuerte que ella, y así fue como vio a su lado, la diminuta figura de un picapedrero.
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